Tu hogar está en las estrellas
- Ramón Otero

- 27 abr 2022
- 5 min de lectura

Earendel, así la bautizaron en honor a Tolkien y una de sus obras. Su nombre, tomado del inglés antiguo, podría traducirse como "estrella del alba", o "astro naciente".
Hace unos meses, científicos israelíes, la descubrían en una fotografía tomada por el telescopio orbital Hubble. Es una estrella masiva, mucho mayor que nuestro sol, y lo que la hace realmente especial, es la distancia a la cual está de la tierra.
12.900 millones de años luz.
12.900 millones de años ha tardado la luz de Earendel en llegar hasta nosotros. Cuando los fotones de luz salieron de la estrella, el Universo, todavía en pañales, tenía el 30% de su tamaño actual. A mitad de camino, nuestra estrella primaria, la que nos da la vida, el sol, todavía no existía. Con tres cuartas partes de su viaje completas, la Tierra, era un planeta en formación y faltaban miles de millones de años para que el primer ser humano naciera.
El cielo, cada noche, es una fotografía de otra era.
Fue una noche en el desierto del Sáhara, cerca de la frontera con Mauritania, cuando me tumbé sobre una duna junto a mis amigos Rober y Pol. Cada uno con una cerveza en la mano, no nos dijimos nada durante media hora, pues sobre nosotros se cernía el cielo nocturno de África, y en él, la Vía Láctea en toda su esencia.
Recuerdo aquella noche casi veinte años atrás. Recuerdo la belleza de aquel cielo, y lo que sentí al contemplar aquella inmensa columna de estrellas que se alzaba a lo largo de toda la bóveda celeste. Sentí que aquel era mi verdadero hogar. Nuestro hogar, ese que algunos limitan a su barrio, otros a su pueblo, y algunos a su país, o su comunidad , .
Las mentes pequeñas están limitadas en su esencia. Solo alguien con la capacidad de asimilar lo ínfimo de su papel en el universo, será capaz de comprender que ahí, es donde reside su verdadera grandeza.
Nuestro hogar está en las estrellas. En ese rinconcito de la espiral que es la Vía Láctea. Nuestro sol, está rodeado de otros ¡cuatrocientos mil millones de estrellas más! solamente en nuestra galaxia. En Andrómeda, la galaxia más cercana, esa con la cual la Vía Láctea está comenzando ya a colisionar, puede haber otros tantos miles de millones de estrellas.
Estamos en pleno siglo XXI, en la época en que deberíamos estar colonizando nuestro sistema, sin embargo, la sociedad sigue acaudillada por el comunismo, el capitalismo, y las ideas de ultras de izquierdas y derechas que impiden ver el verdadero horizonte por el que clama nuestra esencia.
Debemos dejar de mirarnos el ombligo y alzar la vista hacia horizontes lejanos y ponernos metas como sociedad. Cuidar el planeta, eliminar a los oligarcas que gobiernan, liberar las energías realmente eficientes que siguen bajo patentes, y comenzar a pensar de una forma global en términos de sistema.
Años antes de morir, Stephen Hawking ya era consciente del problema. Estamos en el momento decisivo de nuestra historia. Es ahora, cuando la humanidad tiene las capacidades y conocimientos para dar un salto de fe a otras estrellas, y sin embargo, lo que hace es rozar el abismo de la autodestrucción a causa de las guerras.
En plena guerra fría, un documento elaborado por el Alto Mando Estratégico del ejército norteamericano, establecía un protocolo bajo las siglas DMA, ante un supuesto ataque con misiles balísticos nucleares desde la Unión soviética. DMA. Destrucción Mutua Asegurada. Si Kruschev lanzaba una bomba nuclear sobre Estados Unidos, ellos responderían atacando toda la Unión Soviética y viceversa. Hoy, cincuenta años más tarde, con una guerra en Europa, los caciques de Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, juguetean con el miedo, insinuando que el arsenal nuclear está en estado de alerta.
Para olvidarme del ruido de nuestra sociedad, vuelvo a mirar a las estrellas.
En los 12.900 millones de años que tardó la luz de Earendel en llegar hasta nosotros, a su alrededor, en cualquiera de los planetas que la orbitan, (si es que los tiene), pudo surgir la vida y evolucionar de miles y miles de maneras. Esa vida, pudo dar lugar a millones de civilizaciones como la nuestra que vivieron sin llegar a cruzarse entre ellas, pues llegado cierto momento de su evolución, causaban su propia extinción del mismo modo que ahora nosotros acariciamos la nuestra. Y así, en los miles de millones de galaxias que existen en el universo, y en los miles y miles de millones de estrellas de cada una de ellas.
Trillones de estrellas, con cientos de trillones de planetas orbitando a su alrededor, a lo largo de más de catorce mil millones de años de evolución, pero todavía crees que la única vida inteligente existe en nuestro planeta.
Fue precisamente uno de los responsables de que hoy estemos más cerca de nuestra extinción, Enrico Fermi, uno de los inventores de la bomba atómica, quien se hizo una curiosa pregunta sobre este tema.
Cuenta la leyenda, que estaban sentados a la misma mesa Einstein, Oppenheimer y el propio Fermi, cuando al eminente premio Nóbel de 1938, pegó una calada a su pipa y mirando al cielo de los Álamos, donde trabajaban contra reloj en el proyecto Manhattan, le preguntó a los otros.
“Bueno, entonces, ¿Dónde están todos?”
Con esa pregunta había nacido la paradoja de Fermi, esa que se cuestiona el hecho de que si hay tantas galaxias y estrellas en el universo, dónde se oculta la vida, ya que no la vemos.
En el momento en que Fermi se hizo esa pregunta, los científicos no habían identificado todavía ni un solo planeta fuera del sistema solar. Hoy, hay más cinco mil catalogados, y a finales de año, con el James Webb funcionando, ese número seguramente ya se haya doblado.
Fue en 1961, cuando un radio astrónomo norteamericano, Frank Drake, quiso dar una respuesta a la pregunta de Fermi, y para ello formuló la conocida como ecuación de Drake.
N = R* · fp · ne · fl · fi· fc · L

Es la última variante de la ecuación, L, la que nos atañe a nosotros hoy.
¿Cuánto tiempo vivirá nuestra civilización? ¿Cuánto podremos sobrevivir a nosotros mismos?
Sin duda, de seguir la dinámica actual, en mil años seremos un recuerdo. Seremos como el antiguo Egipto o los romanos, o peor aún, seremos como Marte, un planeta con reminiscencias de vida.
Hitler, Madonna, Jesucristo, Maradona… ¿sabes que tienen en común? Que en Earendel, jamás han escuchado hablar sobre ellos.
La importancia de las cosas, está en la que tú le das. Todo es relativo. Todo varía según el prisma desde el cual se vea. Las cosas importantes, no están sujetas a una bandera, ni terminan en -ismo. Las cosas importantes, están esperando a ser descubiertas. A veces son inmensos agujeros negros masivos, otras, son partículas infinitesimales que definen el universo con su escasa materia.
Las estrellas que cada noche ves en el cielo, son hermosas, te seducen. Te encandilan con su luz, y te susurran historias de otra era, pero también te mienten. Lo hacen sin saberlo, pues para ti siguen ahí, muy presentes, sin embargo, al igual que Bruce Willis en el Sexto Sentido, muchas creen que viven, pero ya están muertas.
Earendel seguramente ya no exista hace miles de millones de años, pero su luz todavía nos llega, y eso en sí, es un ejemplo de vida.
Cuando tu luz se extinga, que hablen por ti tus actos y sus consecuencias. Deja un legado que perdure. Crea algo hermoso, bien sea un cuadro, una vida, una canción, o una leyenda. Que durante los años en que te sigan recordando, seas algo más que una fotografía vieja. Que sepan que trataste de dejar un mundo mejor, pues esa era tu verdadera meta.
No te será fácil, y muchas veces te perderás intentándolo con todas las dificultades que vas a encontrar. Cuando eso suceda, busca una noche de verano tranquila, y aunque no sea en el desierto, contempla el cielo en silencio. Busca la Vía Láctea, admira su belleza y recuerda que…
Tu verdadero hogar está en las estrellas.









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