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Somos parte de la Historia, que algún día será pasado.



En los últimos días del Imperio, la mayor parte de los ciudadanos vivían de fiesta en fiesta, ajenos al hecho de que las tribus bárbaras del norte habían llegado ya a las puertas de Roma. Hoy se repite la historia.

Dice Iron Maiden en su canción Blood Brothers, que cuando piensas que en la vida has gastado todas tus oportunidades, se te brinda una más, pero aún así, vuelves a caer en los mismos viejos errores que te llevaron a fracasar.

Somos Roma. Somos sus herederos. Usamos sus mapas, sus provincias, sus leyes, sus costumbres y su credo. Somos romanos que han evolucionado en el tiempo, pero que al igual que dice Iron Maiden, cuando el Destino nos brinda una oportunidad de resarcirnos de nuestro propio pasado, no cometemos nuevos errores, sino que repetimos los viejos.


Hace menos de una semana, Vladimir Putin lograba su principal cometido en la guerra que se nos ha impuesto; anexionarse los cuatro territorios más industrializados de toda Ucrania, consiguiendo establecer comunicaciones directas con el mar de Azov, el mar negro y mismo el puerto de Maryupol.



Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón pertenecen desde ahora a la Federación Rusa. La mayoría los habitantes de la zona se consideraban a sí mismos rusos desde hacía décadas. Ahora, tras años de haber sido masacrados, estigmatizados y abandonados por el régimen de Zelensky, los habitantes de estos territorios son rusos con todas las de la ley.

De ahora en adelante, cualquier acción bélica de Ucrania en dichos territorios, será considerado un ataque militar a la soberanía de la Federación de Rusia. Dicho de otro modo. Si el títere de la OTAN, Vlodimir Zelensky, decide obedecer a la momia Biden y tratar de retomar dichos territorios sacrificando la vida de miles de ucranianos, Vladimir Putin se reserva el derecho de defender su soberanía nacional, utilizando todo el armamento a su disposición, incluidas armas nucleares.





En 1962, el mundo rozó con la yema de los dedos el abismo de la guerra nuclear. John F. Kennedy y Nikita Jruschov lideraban entonces las potencias mundiales en armamento nuclear. Los soviéticos habían movido ficha estableciendo bases de misiles en Cuba. Kennedy, que había abogado por evitar a toda costa un conflicto con Jruschov se veía entre la espada y la pared al ver misiles nucleares a menos de cien millas de Florida.



Las guerra fría llegó esos días de octubre de 1962 a su punto álgido. Todo parecía indicar que no había marcha atrás. El reloj del Fin del mundo rozó la medianoche pero por suerte, la situación se resolvió sin llegar a detonar ninguna ojiva nuclear, gracias a la retirada de decenas de misiles nucleares de Turquía.

Hoy, sesenta años más tarde, estamos en una tesitura similar, solo que peor.

En 1962 ambas potencias eran conscientes de las consecuencias que tendría una guerra nuclear, hoy los que dirigen las instituciones, parecen haberlo olvidado. En todos los medios de comunicación vemos cómo se nos vende que la detonación de una bomba nuclear táctica es inminente.

Los medios de comunicación no cuentan desde hace muchos años la Verdad. La Verdad no existe en lo relativo a los Mass media. Todos tienen un dueño que paga las facturas y cuenta su versión parcial y subjetiva de lo que está sucediendo.

Los medios de comunicación son la dormidera de una sociedad aletargada.

Por todas partes vemos mensajes que dicen que el uso de las armas nucleares es inevitable. Las únicas personas que lo están buscando con sus acciones desde hace décadas, se llevan las manos a la cabeza gritando que no pueden evitarlo.



No quiero exculpar a nadie. No quiero justificar una guerra, pero los que ahora claman que el holocausto está cerca, son los mismos que lo han provocado colocando bases de la OTAN junto a la frontera de Rusia, no respetando los acuerdos de desarme nuclear e incentivando una guerra en Ucrania que ha tensado la cuerda hasta límites insospechados, que nos han hecho recordar otras épocas.

Los mismos viejos errores del pasado.

Tras la primera guerra mundial, las sanciones económicas y políticas a Alemania, forzaron al país a elegir a un líder fanático que los lideró a un resurgimiento económico basado en la industria de la guerra. Desde hace décadas, Europa, Estados Unidos y la OTAN, han ido dando los pasos necesarios para colocar a Rusia contra las cuerdas. Sabían las consecuencias. Sabían las opciones que tendría Putin; claudicar o la guerra. Sin embargo, siguieron dando esos pasos empujándolo al borde de un abismo, en cuyo fondo habitan todo tipo de terribles consecuencias.




DMA. Destrucción Mutua Asegurada.

Los protocolos referentes al uso de armamento nuclear lo dejan bien claro. En caso de que el enemigo utilice un arma nuclear, la respuesta será destruir todas las bases enemigas que puedan producir otro ataque, así como sus centros de comunicación y mando. En este mismo momento, hay más de veinte mil cabezas nucleares apuntando a ciudades y objetivos militares en ambos mandos.

Einstein lo dijo bien claro. “No sé con qué armas se librará la tercera guerra mundial, pero la cuarta, sin duda, será con piedras y con palos.”

Todo esto sucede ahora. Mientras yo escribo y tú lees, hay equipos de negociaciones en París, Londres, Washington, Moscú y Berlín trabajando sin descanso. Unos buscan que se inicie el fuego nuclear, pues es lo que llevan años buscando. Otros, a toda costa, tratan de evitarlo. Son conversaciones que no salen a la luz. Para estar al tanto hay que leer entre líneas, hay que saber seguir un rastro. En unos años tendremos el documental en NETFLIX, (si es que sigue existiendo). Será un documental tergiversado, por supuesto. Habrá un bando bueno y otro malo. Se contarán las cosas como los cuatro que mandan decidan que deban contarse.

En los libros de historia leemos el declive de Roma y nos preguntamos cómo el mayor imperio que haya existido jamás llegó al ocaso mientras la mayoría de los habitantes de su ciudad vivían ajenos a ello, disfrutando de fiesta en fiesta, en honor del Dios Baco.

—¿Cómo pudieron permitir que todo se viniese abajo? —nos decimos a nosotros mismos incrédulos. Y para tener una respuesta, solamente tenemos que mirarnos al espejo.

Estamos en la era de mayor progreso tecnológico. Tenemos ojos en el espacio capaces de otear en lo profundo del universo, hasta instantes cercanos al origen de los tiempos. Queremos colonizar Marte en unos años y convertir la Luna en un área de servicio espacial, sin embargo, estamos inmersos en la más absoluta pobreza energética. Quieren imponernos el coche eléctrico, pero a la vez nos dicen que ahorremos recursos y que no lo carguemos. La distopía en la sociedad es tan grande, que la gente no sabe a qué atenerse.

Los ecologistas de salón abogan exclusivamente por energías renovables ignorando, quizás, que, a día de hoy, en España, los picos máximos de energía “verde” no cubren ni el 15% de la demanda. Todos los expertos abogan por una combinación de energía nuclear y verde para afrontar la nueva era de progreso.

El problema energético es solo una muestra de lo que somos como especie y los errores que cometemos.


Dicen los principales investigadores del mundo que se dedican a la búsqueda de vida extraterrestre, que uno de los motivos de que hasta el momento “supuestamente”, no hayamos localizado vida inteligente ahí fuera, es que quizás, todas las civilizaciones, llegado cierto momento, se enfrentan a un escalón evolutivo que los pone a prueba. Es el llamado Gran Filtro.



Llegado ese momento, las especies que se han desarrollado tecnológicamente, obtienen el poder para destruirse a sí mismas, o evolucionar hasta el siguiente escalón evolutivo.

Ahí estamos nosotros ahora como especie. En ese impás.

Somos el niño que ha encontrado el revólver de papá. Sabemos que nos puede matar, pero aún así jugamos con él apuntándonos a la cabeza. Coqueteando con la idea de ¿qué pasaría si…? Ajenos a las consecuencias.

¿Sobreviviremos o apretaremos el gatillo? No lo sé. El Tiempo lo dirá y algún día, si es que seguimos adelante, en los libros se leerá. Las siguientes generaciones nos verán del mismo modo que nosotros contemplamos a aquellos romanos que quemaban su vida de fiesta en fiesta mientras toda su sociedad se desmoronaba.

Quizás, nuestros viejos errores sirvan para que al fin, las siguientes generaciones aprendan y se atrevan a evolucionar y cometer errores nuevos que los conduzcan a un mundo mejor. Un mundo Renacido, sin burkas, ni velos impuestos. Un mundo gobernado por la razón, el progreso y el amor, y no por la codicia, los intereses ocultos y el dinero. Ese mundo, por desgracia, es el nuestro y está lejos de ser el mundo que quiero para mi hijo Dylan.


"¿Y tú qué hiciste papá?" me preguntará cuando crezca.

Por eso seguiré luchando. Lo haré en una manifestación, en las calles, o tras un teclado. Donde sea. Todo por poder mirarle a los ojos sin avergonzarme por haberme quedado sentado cuando todo se iba a la mierda. Si algo tengo claro, es que en esta sociedad, prefiero ser el raro antes que otra oveja.


Pues al fin y al cabo, nosotros y nuestros actos, somos parte de la Historia que algún día será pasado.
 
 
 

1 comentario


Luna
03 oct 2022

Sin duda, no hemos aprendido nada.

Por desgracia, nadie protesta. Estamos ensimismados en vivir y pagar, muchos buscando un sentido a la vida que nunca llega.


Nos hemos olvidado de lo sencillo, y por desgracia, cada día es más tarde.


Ojalá y despertemos a tiempo. Sin duda, habrá mucha gente que salga a protestar, pero por desgracia, la sociedad, está dormida.

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