El Amor que nos lo ha causado
- Ramón Otero

- 9 may 2022
- 5 min de lectura

Me dolió. Te juro que me dolió.
Me dolió descubrirlo de aquella manera. Me lo encontré tibio, sin fuerzas, cuando él siempre era alegre y estaba lleno de calor. Noté algo extraño en su voz, y su mirada me rehuyó. Quise abrazarle, pues hacía tiempo que no nos veíamos, pero su lenguaje corporal, me dijo que “hoy mejor no”.
Acostumbrado a su sonrisa fácil y a sus ganas de vivir, me costó reconocerlo dentro de aquel cuerpo, que si bien era el mismo, estaba lejos de parecerse al de mi amigo, pues el que tenía delante estaba gris, y no lleno de color.
Mientras hablábamos, sus ojos se enrojecían por momentos, y aunque pretendía sonreír, era incapaz de disimular aquello que le sacudía por dentro con fuerza. El Dolor.
Dolor por la decepción. Dolor por haberse sentido un idiota. Dolor por haber puesto todas sus ilusiones en un mismo cajón, y por haber creído en algo que nunca existió.
Cuando sus ojos comenzaron a llorar, y él no pudo disimular más, supe leer las señales, y a punto estuve de emocionarme yo, pues a mi amigo, le habían roto el corazón.
Fueron las promesas, y las ganas de algo que nunca se concretó. Fueron las conversaciones que ahora ya siempre se perderían, y las que palabras que él le susurraba creyendo que ella compartía, cuando en realidad, solamente lo consideró una distracción.
Fue todo junto lo que él descubrió cuando con sus propios ojos, la vio con otro y al fin comprendió que, la historia que había creído vivir, era solamente producto de su imaginación, y nunca fue cosa de dos. “Me ha jodido bien”, me confesó cuando salimos a fumar un cigarro, y aunque trató de evitarlo, otra vez lloró.
Lo abracé porque tenía que hacerlo. Porque en un mundo en el que cada vez vale menos la palabra, mi amigo necesitaba algo de calor.
Sucedió hace un par de días la historia que os estoy contando, acaba de suceder ahora, y sucederá mañana, pues donde hay un amor que no es simétrico, alguien siempre acaba conociendo el Dolor.
Lo que sintió mi peluquero al ser traicionado, lo que yo he sentido, lo que tú has vivido y llorado, solamente cada uno de nosotros somos capaces de expresarlo. La traición que duele de una forma física y letal. El frío que sentimos en el cuerpo a pesar de estar casi en verano, cuando vemos a esa persona que nos importa con alguien a su lado. El saber que nos han utilizado haciéndonos creer algo mágico, cuando en realidad todo era inventando, es algo que conocemos bien, aquellos que no tememos en ir de frente al combate del amor, aun sabiendo que no podemos ganarlo.
“La quería de verdad, tío”, me dijo junto a la peluquería fumando aquel cigarro, y joder, claro que la quería. Yo también la quería hasta que me hizo daño, y tú, que estás ahí, al otro lado, seguramente también lo hayas querido a él, o a ella, hasta que te jodió y te dejó tirado.
Entonces llegó él. Ese puto extraño que se cuela sin llave en todos lados. Aparece en un rincón de tu dormitorio una noche, y mientras tú eres incapaz de dormir en cama, él te observa concentrado. Es el Dolor.
El Dolor está lleno de recuerdos y promesas. Está lleno de buenos momentos, y de planes que ya nunca llevaremos a cabo. El Dolor no quiere hacerte daño, sin embargo, te destruye de un modo implacable, sin dejar que crezca la hierba allí dónde ha pisado. El Dolor, hace que se te venga el alma abajo. Hace que quieras escuchar la misma canción en bucle todo el rato, recordando aquel momento mágico, la carretera en la que ella no soltaba tu mano, o el último beso sincero que os habéis dado. Por eso el Dolor tiene tanto poder sobre ti, porque juega con todo lo bueno que has sentido a su lado.
“¿Era mentira?” “¿Me ha tomado por idiota todo este tiempo?” “¿Acaso solo estaba pasando el rato?” Y el cuerpo tiembla mientras tú sigues pensando y pensando, incapaz de dormir, con ese extraño a los pies de tu cama observando.
Pero Todo Sucede por algo. Todo.
Y si el Dolor te jode hasta límites insospechados, al mismo tiempo, en las cenizas que deja a su paso, germinan las semillas de tu yo futuro. Esas semillas, darán lugar a la persona que serás en unos años. Sus raíces se extenderán por tu yo del pasado, y sobre ellas crecerá una mejor María, o un Pablo renovado.
Será un proceso que tardará, días, meses o semanas. A veces, incluso años. Los momentos más duros surgirán cada noche en tu cama, pero a la larga, el extraño de tu habitación dejará de visitarte tan a menudo, y podrás dormir mejor. Lo harás buscando en tu interior una nueva motivación. Una amiga, un libro, las ganas de crear algo, o simplemente, de reencontrarte con ese que jamás te ha dejado tirado. El que siempre está contigo, y te acompaña a todos lados. El que lleva años llevándote de viaje, y susurrándote al oído chistes malos. Sabes de quién te estoy hablando, ¿cierto? De tu propio Yo.
Tú eres quien nunca te ha fallado.
Eres la que lleva toda la vida aguantando decepciones, traiciones, y el dolor de mi amigo Pablo. Tú eres quien va a pasar el resto de tu vida contigo misma, y te conoces mejor que nadie. Tú eres la que cambiará cuando el Dolor se haya marchado, y se convertirá en una persona mejor, gracias a ese que te ha fallado.
¿No ha sabido esperar? ¿Te ha utilizado? ¡Que le jodan! Puede que duela un tiempo, pero tarde o temprano, sanamos cualquier herida, pues somos humanos. Estamos preparados para sobrevivir en condiciones límites. Somos capaces de levantarnos una y mil veces aunque nos hayan derrotado.
Tu rodilla hincada en el barro y los ojos llorando. La lluvia arreciando y frente a ti la persona que amabas mirándote como a un extraño. La amabas. Lo querías. Pensabas que tenías algo, pero te han jodido y ahora te abres a un amigo fumando un cigarro.
Viéndole como estaba destrozado, habiendo pasado por su situación decenas de veces, y siendo como soy, un perro viejo y veterano, lo abracé, le di un beso con cariño y le confesé el único secreto que he sacado en claro de todas las veces que, como a él, a mí me habían decepcionado.
“Si duele, es porque te has atrevido a experimentarlo. Si lloras, es porque lo has sentido y has amado. Si te ha jodido, dale las gracias, porque del dolor aprendemos y con cada experiencia mejoramos”.
Y me sonrió, apuró el cigarro y lo tiró al suelo asintiendo. Nos abrazamos, y antes de entrar a trabajar, sus ojos de nuevo se aguaron. “Me ha jodido bien, tío. Me ha jodido bien…” Se puso la mascarilla y volvió al trabajo disimulando que había llorado.
Monté en la moto de vuelta a casa, y recordé todas las veces que me han hecho daño, y sonreí, porque como humanos que somos...
...aunque sobrevivimos al dolor, jamás olvidamos el amor que nos lo ha causado.









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