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¿Dónde me llevas?



En 1938, Reinhard Heydrich, director de la SD y mano derecha de Hitler, creaba los Einsatzkommando. Estos escuadrones de la muerte, integrados por miembros de la Gestapo y las SS, operaron a lo largo de todos los territorios ocupados por los nazis durante la segunda guerra mundial. Su objetivo, eliminar a todos los judíos posibles.

"¿Dónde me llevas?" preguntaban esos a quienes los miembros de las Totenkopf sacaban de su cama a altas horas de la madrugada. Sus familiares, impotentes, veían como a sus seres queridos los montaban en camiones y jamás regresaban.

Entre 1945 y 1958, el NKVD, servicio de inteligencia y espionaje de la Unión Soviética, dirigido por Lavrenti Beria, llevó a cabo más de veinte mil ejecuciones y deportaciones de ciudadanos de las repúblicas bálticas que la URSS se anexionó durante la segunda guerra mundial. Fueron cientos de miles los ejecutados por su condición política, social, religiosa o sexual durante esos años de terror rojo, y millones los que murieron bajo el estandarte de la hoz y el martillo.

Todos ellos, fueron arrastrados de sus vidas por fanáticos, dementes o asesinos.

Todos ellos, conscientes de su muerte inminente, alzaron la mirada una última vez, y le preguntaron a sus verdugos

"¿Dónde me llevas?".

Como individuos, somos incapaces de hacer frente al Destino. Como sociedad, sin embargo, somos los amos de nuestro sino.

Jamás pensé que tras dos años de pandemia impuesta, sin todavía habernos recuperado de ella, ahora nos fuesen a imponer una guerra. Y sí, digo imponer, porque a pesar de las apariencias, la guerra la han buscado con anhelo todas las partes implicadas en ella. Unos por intereses económicos, otros por intereses geopolíticos, los de más allá con el único fin de ver arder lo poco que queda de Europa, y los últimos, los que de verdad manejan, porque quieren el caos y la destrucción, para imponer una nueva sociedad más distópica, menos libre, que de las gracias al que la mantiene en cautividad, y nunca disienta.

Los medios de información, que en su raíz a nivel mundial pertenecen a no más de una decena de empresas, llevan décadas sembrando la discordia. Los partidos políticos, cada uno con sus colores, beben de la misma fuente, una que se riega con dinero de empresas farmacéuticas, armamentísticas y petroleras. Los mismos que crean esos partidos que nos disgregan, son los dueños de las cadenas de televisión, emisoras de radio, y periódicos que nos enfrentan.

Es la forma de dominio más vieja del planeta. Es la que rige la vida del ser humano desde que comenzaron las sociedades en Mesopotamia. Es la que prevalece, porque es la más sencilla y a la vez la más siniestra, y es que hoy, igual que hace un siglo, aquellos que se presentan como salvadores de una situación crítica, son los mismos que han causado el problema.

"Putin es malo", lo simplifican de un modo banal y superficial. Nos lo cuentan como si fuésemos niños de teta. Pero somos adultos. Adultos capaces de pensar por nosotros mismos, a los que llevan décadas lobotomizando en platós de televisión.

Durante veinticuatro horas al día, vemos gente que ha realizado juramentos de lealtad, cambiar de ideales por cuatro pesetas. No existen los principios, no hay valores. La palabra de una persona no vale una puta mierda. Hemos llegado a un momento de la sociedad, en que la única y verdadera honradez, se encuentra en la naturaleza. Veo más conocimiento, más lealtad, más humanidad en ojos de mi perra, que en la mirada de la mayoría de los políticos que ganan millones por mentir en la palestra.

La última generación libre, puede ser la nuestra.

En ajedrez, al comienzo de la partida, cada contendiente tiene en su cabeza una partida programada. Los movimientos del adversario, son los que determinan la forma en que llegará a mover sus piezas. Cuando la mano del jugador mueve un peón, su mente, está puesta cinco movimientos más allá, en cómo el caballo se comerá a su reina.

Lo que ahora vemos se planeó hace años. Son intereses en las sombras, son noticias a las que nadie prestó atención hace casi una década. Son deslices de un político de la Unión Europea, que anticipan lo que vendrá. Son los índices de una economía que se basa en una mentira, y que nos mantiene en un vilo constante, a los que alimentamos la gigantesca rueda.

"No tendrás nada y serás feliz". Ese es el lema de la agenda 2030. Es la base de todo; el reinicio. El comenzar de cero. Llevarnos a un punto de caos tal, que roguemos porque intervengan. No sé cómo será el desenlace de esta guerra. Puede que se les vaya de las manos, puede que termine mañana, pero lo que sí sé, es que cuando acabe, surgirá otro problema.

En diez años, se teme que los recursos hídricos de África y gran parte de Asia, se reduzcan de forma drástica. Esa será la excusa para provocar migraciones masivas de millones de personas que, empujadas por la hambruna, la sed y las pequeñas guerras, lleguen para sacudir y derrumbar el estilo de vida de la Unión Europea. Lo harán como último acto de supervivencia, y conseguirán el siguiente objetivo del plan; Eurasia.

La falta de identidad, el no tener un origen claro ni unas raíces definidas, harán que la sociedad se pierda. La historia será la que ellos quieran que sea. No se estudiará el motivo de las cosas, simplemente lo que se quiera contar, según la versión que más convengan. El doblepensamiento de Orwell en su novela 1984, es algo que, a día de hoy, ya ha cuajado en nuestra sociedad. La dicotomía mental de gran parte de la sociedad es tremenda. La gente no piensa, sino que repite lemas, y cuando tratas de razonar con ella, al no tener una base asentada, más que la repetición de ideas ajenas, acaban diciendo una cosa y la contraria a la vez, sin pudor alguno, ni sentir vergüenza.

No seremos dueños de nada, y mucho menos de nuestra libertad. La pandemia ha sido la muestra. Personas que jamás habían cometido un delito en su vida, personas de veinte años, o de sesenta, que decidieron no medicarse por sus propias convicciones e ideas, vieron como les prohibían la entrada a restaurantes, cafeterías, cines, teatros...etc, etc. Un pederasta, un violador, un asesino convicto, podían moverse libremente a cambio de haberse inoculado cada cinco meses la dosis correcta. ¿Tiene la pauta completa? Pase. ¿No? Lo siento, usted no entra.

Personas libres encerradas en sus municipios por orden de políticos, que excusaban sus decisiones en comités de expertos que no existían. Consejeros de farmacéuticas pidiendo al gobierno que obligase a la sociedad a vacunar a sus hijos, aun a sabiendas de que no era lo aconsejable, y la gente feliz de que le pincharan en el cuerpo, algo que no tenían ni idea de qué era...

Y de repente nada. Ya no existe el problema. Ya nadie sube fotos vacunándose. Ya no hay virus. Dime que no estoy loco. Dime que tú también ves esta mierda.

A nuestro mundo le han dado la vuelta.

Ha sucedido en décadas, pero ha sucedido. Todo comenzó a acelerarse un once de septiembre. Se suponía que el perpetuador del atentado había sido Bin Laden, un saudí adinerado, miembro de una de las familias más importantes de ese país, Arabia Saudí. Sin embargo, no fueron sino Afganistán y posteriormente Irak, los que pagaron el pato del 11-S. Un atentado cuya comisión llegó a una conclusión que entraba en conflicto con todas las pruebas obtenidas en el escenario de los hechos. Fueron miles de arquitectos e ingenieros norteamericanos ( y lo siguen siendo), los que desarrollaron decenas de trabajos (disponibles en internet) en los cuales demostraron, por activa y por pasiva, el uso de materiales de demolición militar (plasma termita) en el World Trace Center. El dinero, y el poder que maneja los medios, sin embargo, impuso una versión que es la que mayoritariamente ha perdurado.

Otro acorazado Maine, otro Pearl Harbor... Ahí comenzó todo, y desde entonces no ha parado.

El miedo rige todo.

Miedo a coger un avión, miedo a un atentado, miedo a que me infecte el vecino de al lado, miedo a la guerra, miedo al desabastecimiento, miedo a los impuestos, miedo a que me jodan lo poco que me queda...

El miedo en momentos puntuales, es beneficioso para el cuerpo. Nos mantiene alerta, preparados. Prolongado en el tiempo, sin embargo, el miedo nos destruye como pocas cosas, causándonos ansiedad, estrés, úlceras, colesterol, enfermedades cardíacas, traumas, ansiedad, depresión y trastornos de la personalidad. El miedo es un arma, y gracias a la hiperconectividad del mundo global, jamás lo dejarán de utilizar.

Pero el miedo se combate. Se hace con el aire libre, con el conocimiento, con el cariño por las personas que nos importan y teniendo claro que llegado cierto momento, no podremos dejar que nos dobleguen más.

Será antes o después. Será en unos años, o en décadas quizás. Solo espero que mi hijo haya crecido ya. Que sea capaz de valerse por sí mismo, y llegado el momento, sepa defenderse y luchar. Pues será doloroso. Doloroso de verdad.

La humanidad está en un momento crucial . Lo que suceda en el próximo siglo determinará si tenemos futuro como especie, o si acabamos convertidos en una mota del polvo que por miedo, ambición y avaricia, se exterminó a sí misma detonando el planeta Madre Tierra, con todo su inmenso arsenal nuclear.

Solos, cada uno por nuestra cuenta, no podremos hacer nada. Absolutamente nada. Los cambios se aceleran. Las diferencias entre ricos y pobres aumentan. Dos tercios de la población pasan hambre y el otro tercio trabaja cada día para una minoría que se lucra y vive de imponer su agenda. Nos mantienen separados porque así no tenemos fuerza. Los que podrían aglutinarnos bajo una misma voz, son silenciados con dinero, o se los silencia. Somos ganado que pasta por el prado sin un líder que nos guíe en una misma dirección.

Si todos y cada una de las personas, que nos levantamos cada día a las cinco de la mañana para ir a trabajar, todas y cada una de las personas que dan lo mejor de sí por mantener a su familia, o porque así lo han educado en la vida. Si todos los que mantenemos girando la rueda, nos levantásemos una mañana y dijésemos ¡BASTA! Si se paralizase TODO el puto SISTEMA. Si los que gobiernan por encima del pueblo cuando en realidad lo deberían hacer SOMETIDOS a él, no tuviesen ejército ni policía que les defendiera, porque ellos también hubiesen dicho basta. Si no volasen aviones, ni se abriesen los supermercados porque no hubiese cajeras. Si no se viajase, ni repostase un coche, ni un camión, si nadie comprase, ni vendiese, si no se moviese nada durante el tiempo suficiente... Si el mundo entero se paralizase de forma indefinida, si se hiciese el silencio completo y sepulcral en todas las fábricas del planeta donde se trabaja por el salario mínimo, si todo se parase con ese BASTA, entonces, y solo entonces, podríamos exigir que se fueran.

Podríamos echarlos a todos y cambiar. Podríamos recuperar el poder y hacer que el progreso por un bien común, el nuestro y el del planeta y la naturaleza, fuese por la misma senda. Podríamos recuperar el mismo latido, la misma energía, vivir en paz e imponer un desarrollo sostenible en el que no primase una gráfica de beneficios de mierda. Primaría la esencia de la antigua Grecia. El conocimiento. Primaría la raíz de los indios Cheyenne, el respeto por la naturaleza. Se escucharía el Mahabharata con amor. Se dormiría con la paz de los cánticos del Corán. Se reiría con las canciones eslavas, y se lloraría con la gaita escocesa... pues el mundo sería un lugar de amor pleno y paz honesta.

Es hermoso soñar con un mundo así. ¿Es una utopía? Lo es sino hacemos nada porque suceda.

Somos ese paciente al que le han diagnosticado un tumor en el cerebro, que nunca se opera por miedo. Será una operación delicada y peligrosa. Hay riesgos, pero sin duda es necesario hacerlo.

No será pacífico. No será sencillo, y costará más de lo que creemos, sin embargo, es la única salida para recuperar el mundo que merecemos.

Igual que una madre se arroja ante un coche para salvar a su hijo de ser atropellado, debemos estar dispuestos a darlo todo por un mundo mejor para nuestros descendientes. De lo contrario, de seguir así, jamás dejará de girar la rueda. Nunca cesarán las guerras y las pandemias. Siempre habrá independentistas, o terroristas, crisis económicas y revueltas.

Llegado este momento de la partida, es hora de que las fichas blancas y negras se unan en un solo bando y se giren hacia las manos que hasta entonces guiaban su senda.

Yo, sin ser más que un elemento insignificante de la sociedad, sin más voz de la que puede tener para mí una hormiga, seguiré dejando patente aquella forma de ver el mundo que me llena. Seguiré escribiendo mientras me dejen, tratando de contagiar la pasión de mis ideas. Porque como dijo Tupac, "Yo no voy a cambiar el mundo, pero puede que mis palabras, despierten a quien sí vaya a cambiarlo".

Y mientras lo hago, mientras vivo y escribo, mientras con mi familia busco cada vez más la naturaleza y mientras procuro inculcar a mi hijo, valores, la cultura del esfuerzo y cómo desarrollar su instinto de supervivencia... Mientras lo hago y trato de no perder la cordura que me queda, sonrío, aprieto los dientes y alzo la vista mirando al Destino a los ojos, solo para preguntarle una vez más...

¿Dónde me llevas?


 
 
 

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