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Cuando te vayas...




Llevaba tiempo sin pasar por aquí. Tiempo sin sentarme a teclear en el blog.

Quizás no encontraba las palabras. Quizás, no tenía que contar nada.

En un mundo en el que todo el mundo habla sin decir nada, sucede que quien más tiene que contar, es quien a menudo calla.

El año acaba, el contador llegará al final. Dará la vuelta y comenzará a contar por la otra cara. Nuevas promesas, nuevas metas, nuevas batallas.

¿Cuánto has cumplido contigo misma este año? ¿Cuántas veces te has sentido orgulloso de a dónde has llevado tu vida? ¿Estás en tu mejor momento? ¿Has tocado fondo y el cielo es negro?

Te comprendo.

Estaba a tu lado cuando te ahogabas. En el mismo mar, pero en orillas alejadas, por eso sé de que me hablas.

Ha sido quizás esta canción que suena ahora la que me ha animado a teclear un rato. La música tiene esa maravillosa capacidad de alterar el valor de las palabras. Cualquier buena canción es una ola. Si eres capaz de captarla, te llevará tan lejos como sepas surfearla.

Cuando me vaya. Eso es lo que me sugiere esta canción. Esas tres palabras.

Cuando me vaya, cuando de mí no quede nada. Cuando mis cenizas lleguen a alguna playa. Cuando no vea más puestas de sol y no vuelve a meter más veces la pata. Cuando haya dicho todas y cada una de mis palabras. Cuando para mi hijo sea un recuerdo, y mis amigos sonrían porque era el cabrón que siempre tenía que llevar la contraria…

Cuando me vaya, cada instante me parecerá importante, y sin embargo, ya no podré cambiar nada.


Cuando me vaya, recordaré este año como ese en el que aprendí lo que era ser padre y lo que cambia la vida una sola mirada. La mirada de Dylan, esa por la que vivo las cosas de nuevo con una ilusión renovada. Con él aprendo que por el camino, de tanto rozarme con gente gris, con tanto criminal y con tantas personas que tiene hueca el alma, he perdido parte de la inocencia con la que antes contaba. Es imposible recuperarla, pero la disfruto de nuevo cuando la veo en su mirada.

Cuando me vaya, recordaré que en 2022, a pesar de lo gris que se está tornando todo, mantuve la esperanza en que un nuevo Renacimiento llegara. "¿Hiciste algo por ayudar?" Me preguntará él. Hice lo que pude con mi mejor arma; la palabra.

V, La Familia es lo primero, Negra, Bella, Inferno.

Cinco novelas escritas en un año. En todas una parte de lo que he aprendido en mi vida, algún detalle escondido, o una moraleja para ser recordada. En unos meses publicaremos PEREGRINO. Será en verano, y trataré de que llegue un poquito más lejos que MAGNA. Detrás de cada una de mis obras hay mucho trabajo, cariño y ganas. Porque la vida son ganas. Pasión y ganas. Sin eso no hay nada.

Ganas de hacer compañía y contar historias juntando palabras. Ganas de emocionar, de llevarte de la mano a lugares y momentos que he imaginado o quizás robado de alguna biblioteca imaginaria. Ganas de vivir la vida de otros entre páginas, de aprender, de sentir, de llorar, de reír, de follar o hacer el amor, según se tercie la madrugada.

Cuando me vaya… Cuando me vaya recordaré este año como el año en que más falta de ganas he visto a mí alrededor. Veo a la gente gris, apática. La generación que viene, no pisa con fuerza, no busca abrir un camino más allá, ni mejorar el que ya estaba. Son pocos los chavales que veo en los institutos en que doy las charlas, con una mirada llena de vida. La mayoría saben todo, o eso creen, pues como la mayoría de nosotros a su edad, no saben nada. Lo malo, es que estos realmente lo creen y se dejan llevar por una corriente de conformidad que es realmente mala.

En la vida nadie se debe conformar con menos de la excelencia. Ahora quieren imponernos la mediocridad. El todo vale. Pero no todo vale. ¿Acaso le valía a Sócrates? ¿Acaso Madame Curie se conformaba? ¡No!

¿Por qué ser mediocre, cuando puedes ser cada día tu mejor versión?

Ken Follet no triunfó hasta su onceava novela. ¿Y si se hubiera conformado? No tendríamos los Pilares de la Tierra. ¿Llegamos a la luna siendo mediocres? No. Llegamos gracias a miles de personas que se dejaron la piel dando lo mejor de sí mismas para conseguir sacar adelante un proyecto que hizo grande a la raza humana.

Hoy se quiere igualar a la baja. Nadie es mejor que nadie. Nadie destaca. Y una mierda.

Las grandes mentes, las grandes personas, las grandes científicas, los grandes deportistas… Todos llegaron a ser algo porque no se conformaban. Tú no anuncias calzoncillos ni colonias. No lleva tu nombre ninguna marca de ropa, pero no por ello debes conformarte. En la parcela de tu vida debes ser la mejor persona que puedas llegar a ser. ¿Por qué? Porque es tu deber.

Puedes hacer mil cosas. Ayudar a un desconocido, donar sangre o médula, limpiar una playa, escribir una novela, plantar diez árboles, leer más… Tu vida es una pequeña parcelita de terreno en este mundo que tenemos. Si cada uno de nosotros tiene su parcelita inmaculada, con el césped bien cuidado, la casita y la valla de madera pintada, el mundo será un lugar hermoso en el que despertarse cada mañana. Si todas y cada una de las personas colaboramos con lo poquito que podemos, cada uno a su forma, de una manera sencilla, pero bien intencionada, te juro por ese Dios en el que no creo, que en un año, todo, absolutamente todo en este planeta luciría con mejor cara.

Yo lo tengo claro hace tiempo. Utilizo como arma mis palabras, pero mis acciones son las que definen mi legado. Hago, escribo y callo. Eso es lo que he aprendido este año. A hacer, en lugar de decir. A escribir para no reventar y a callar, porque el silencio me ayuda a concentrarme en todas las cosas que me quedan por hacer.

Porque cuando me vaya, cuando de mí ya no quede nada, mi parcela quedará limpia y ordenada y en un cajón estarán las novelas que he dedicado a todas las personas que he amado. En otro las fotografías con mi familia y en el último las cosas que hice. Las buenas, las malas. Las pequeñas gestas y las grandes meteduras de pata.


Se nos recuerda por nuestros hechos, no por nuestras palabras.

Que tu 2023 esté lleno de ganas, de acción, de cosas, de aventuras, de emociones, de lágrimas, de viajes, de sentimientos, de libros, de puestas de sol, de tardes de lluvia, de besos, de abrazos, de fotos bonitas para el recuerdo y de canciones…

Canciones como esta que suena, hablándonos de un viaje a Marte, que no es sino una huida, una escapada.

En unas horas el 2022 acaba. Si estás en la mierda, llora lo que te de la gana, y mientras lo haces sonríe, aprieta la mandíbula y saca fuerzas de donde no las haya. Haz el último esfuerzo, suelta el aire, cierra los puños y golpea/ama/besa/ríe con más ganas. Recuerda la ilusión que tenías antes en la mirada. Lucha por sentir algo similar cada mañana. Nuestro peor momento, es solo el instante previo a ese momento que todo lo cambia. Te lo digo a ti amiga, pues tras las nubes negras del horizonte, hay un cielo en el que pronto rayará el alba...

Que 2023 sea pues, el año en que la humanidad recuperó las ganas y que así lo recuerdes dentro de muchos, muchos años…

Cuando te vayas...
 
 
 

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